Silueta de una persona detrás de un vidrio texturado: adolescente pendiente de lo que piensan los demás

Mi hijo adolescente vive pendiente de lo que piensan los demás: cómo reconocerlo y cómo se trabaja

Es lunes por la mañana y tu hijo o hija lleva buen rato frente al espejo. Se cambió la polera dos veces, se arregló el pelo con mucho cuidado y se le nota inseguro: pregunta si “se ve raro” y no logra quedar conforme.

Lo habían invitado a una salida el sábado, pero decidió no ir. Dice que no tiene ganas, aunque sospechas que lo que siente es otra cosa: inseguridad, miedo a no sentirse incluido o a que lo dejen de lado.

En casa se le ve seguro y suelto, habla, se ríe, tiene “personalidad”. Pero con gente de su edad no se siente así. Evalúa cada gesto y cada palabra mientras conversa, y después se queda pensando si habló demasiado fuerte, si dijo algo inadecuado, si se le notó el nerviosismo.

En pocas palabras, está constantemente pendiente de la opinión de los demás.

¿Te suena familiar?

Qué hay detrás

Miedo al rechazo, a quedarse solo, a decepcionar… El miedo puede variar, pero la lógica es la misma: tratar de controlarlo todo para que no piensen mal de él o ella, para que no lo rechacen y no quedarse solo. Por eso sobrepiensa, se arregla tanto, rechaza invitaciones, etc.

Y lo que hace es comprensible: cada vez que evita algo, el malestar baja de inmediato. Si no va a la salida, no levanta la mano o no publica la foto, siente alivio, se siente seguro y en control.

El costo es que, mientras más lo hace, más inseguro se siente y más crece el miedo, y va renunciando a lo que le gusta: participar en clases, juntarse con sus amigos, mostrar lo que hace, ser quien es, tener personalidad.

Cómo se trabaja en terapia

Desde la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) no se trata de convencerlo de que “nadie lo está mirando”, ni de que deje de importarle lo que piensan los demás. Se trata de que el miedo deje de decidir por él o ella.

Para eso partimos por lo que le importa: las amistades, expresarse, aprender, ser auténtico, tener personalidad. Esa es la dirección en la que queremos que avance, y no la que le marca el miedo. Como acercarse a eso a veces trae vergüenza o nervios, lo que se trabaja es que pueda dar esos pasos igual, sin esperar a sentirse tranquilo antes.

Después se le ayuda a mirar de otra forma pensamientos como “van a pensar que soy raro”: son ideas que aparecen en su cabeza, no hechos, y pueden estar ahí sin hacerles caso. Así también aprende a sentir vergüenza o nervios sin huir de ellos, y a fijarse en lo que está pasando, la conversación, la actividad, y no en cómo se ve.

Con eso claro vamos probando, paso a paso, las cosas que hoy evita. Por ejemplo, si le gusta dibujar pero nunca muestra lo que hace por miedo a las burlas, se parte mostrándoselo a alguien de confianza y se avanza hacia compartirlo con más personas. Cada paso le demuestra que puede sentir miedo y aun así hacer lo que le importa, y así gana una seguridad distinta a la que le daba evitar: la de saber que puede con el miedo.

También trabajo con los padres, porque querer protegerlo a veces ayuda, sin darnos cuenta, a que se salte esas situaciones: lo excusas de una salida, hablas por él o ella, le repites que se ve bien, etc. Conversamos cómo acompañarlo sin quitarle la oportunidad de animarse a hacerlas.

Cuándo consultar

Conviene consultar cuando este miedo le quita cosas que antes disfrutaba, cuando evita el colegio o a sus amigos, o cuando ya intentaste de distintas formas ayudarlo y no sabes cómo seguir.

¿Reconoces esto en tu hijo o hija? Atiendo online a adolescentes de 10 a 21 años y a sus familias, desde la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT).

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