En resumen: si tu hijo o hija adolescente no quiere estudiar ni hacer nada, esperar a que le den ganas rara vez funciona: las ganas suelen aparecer después de dar un paso pequeño. Ayuda elegir con él o ella un paso concreto, ligado a algo que le importa, y consultar si el desgano dura semanas.
Duerme hasta pasado el mediodía. Llega del colegio y se echa en la cama con el teléfono. Las tareas quedan para después, la ducha también, y cuando le propones salir o ver a alguien responde "no tengo ganas". Tú lo ves pasar los días sin hacer nada y vas alternando entre la preocupación, el enojo y la duda de si estarás haciendo algo mal.
Es una situación que desgasta a cualquier madre o padre. Es comprensible que quieras sacudirlo un poco: cuesta ver a un hijo o a una hija apagados sin intentar algo. Este artículo explica por qué ese impulso rara vez resulta y qué puede hacerse en cambio.
Esperar a tener ganas: la regla que lo mantiene sin avanzar
Cuando dice "no tengo ganas", tu adolescente suele estar aplicando, sin darse cuenta, una regla: primero tengo que sentirme con energía y después hago. Parece lógico. El problema es que, con el ánimo bajo, ese momento no llega. Y cada día que pasa sin hacer algo, hay menos experiencias que le den satisfacción, de modo que hay todavía menos ganas al día siguiente.
En muchos casos ocurre al revés de lo que él o ella espera: las ganas aparecen después de empezar, no antes. Por eso, pedirle que primero se motive y después actúe es pedirle un orden que, con el ánimo bajo, rara vez se da: lo más probable es que las ganas lleguen una vez que ya empezó.
Lo que suele no funcionar, aunque nazca del cariño
- "Ponte las pilas." Lo más probable es que escuche "estás fallando". La vergüenza que eso produce es una razón más para esconderse.
- "Cuando tengas ganas, me avisas." Sin querer confirma la regla: hacer algo depende de sentir ganas, y hay que esperarlas.
- "Si no estudias, te quito el celular." Puede conseguir una hora de estudio, pero también le quita lo único que hoy le da algo de alivio y refuerza la idea de que la casa es un lugar de reclamos.
Ninguna de estas frases nace de mala intención. Nacen del miedo a que se le pase el tiempo y de la frustración de no saber cómo ayudar. Lo que tienen en común es que le piden energía a alguien que hoy no la siente.
Qué suele ayudar: un paso pequeño, elegido por él o ella y ligado a algo que le importa
Desde ACT, el trabajo parte de otra pregunta. No es "¿cómo lo motivo?", sino "¿qué le importa a este adolescente y qué paso, por pequeño que sea, lo acerca a eso aunque no tenga ganas?". En casa, algunas cosas que suelen ayudar son:
- Preguntar por lo que antes le importaba: los amigos, un deporte, la música, algo que armaba o dibujaba. Sin interrogatorio. Es probable que responda "no sé"; es un punto de partida, no una falta de respeto.
- Elegir un paso muy concreto, que escoja él o ella: salir diez minutos, escribirle a un amigo, ducharse antes de la cena. Conviene algo que pueda hacer incluso con desgano.
- Dejar que las ganas no estén. El objetivo no es que se sienta con energía, sino que dé el paso llevando el desgano consigo. Ese suele ser el aprendizaje clave.
- Reconocer el paso, no el resultado. Un "vi que saliste a caminar" suele bastar, sin sermón después.
En consulta se parte con una evaluación y, a partir de ella, se acuerdan con el adolescente objetivos concretos que después pueden observarse: se cumplen o no. Las tareas entre sesiones salen de lo que él o ella quiere conseguir, no de lo que los adultos exigen, y por eso los pasos tienen un sentido propio y no se viven como una orden más.
Si esto se parece a lo que ves en tu hij@, puedes conversarlo conmigo en una primera sesión online.
Agendar primera sesiónDormir hasta tarde y dejar de bañarse
Estos dos cambios suelen preocupar tanto como el desgano mismo. En la adolescencia el reloj biológico se corre hacia horarios más tardíos y el cuerpo pide más horas de sueño, de modo que acostarse y levantarse tarde forma parte de esa etapa. Lo que merece atención es cuando el sueño se mezcla con el desánimo: pasa gran parte del día en cama, deja actividades que antes disfrutaba o la higiene empieza a descuidarse.
En ese caso ayuda más acordar una hora razonable para levantarse y un primer paso del día (luz natural, ducha, desayuno) que exigir un cambio completo de una vez. La ducha, igual que otras tareas, se vuelve más posible cuando está asociada a algo que viene después y le importa, como juntarse con alguien.
Cuando el desgano ya lleva semanas
Conviene consultar con un psicólogo si el desgano se mantiene por varias semanas, si dejó de disfrutar cosas que antes le gustaban, si hay cambios en el apetito o en el sueño, si habla de sí mismo con dureza ("soy un inútil", "nada me sale") o si el colegio y los amigos quedaron en segundo plano. Solo una evaluación profesional puede decir qué está ocurriendo en cada caso. Puedes leer más sobre depresión en adolescentes y sobre las señales de que un hijo está deprimido.
Si en algún momento dice que no quiere vivir o que sería mejor no estar, no esperes: consulta de inmediato con un profesional o acude a urgencias.
Preguntas frecuentes
¿Es flojera o depresión?
No puede saberse solo con lo que se ve en casa. La flojera suele variar según el contexto: el adolescente se activa con lo que le gusta. Cuando el desánimo se extiende a casi todo, incluso a lo que antes disfrutaba, y dura semanas, conviene una evaluación profesional.
¿Es normal que mi hijo adolescente duerma mucho?
En la adolescencia el cuerpo suele necesitar más horas de sueño y el horario se corre hacia más tarde, por lo que dormir más que un adulto es habitual. Se vuelve motivo de consulta cuando va acompañado de desánimo, pérdida de interés o abandono de actividades.
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