Una de las preguntas que más escucho de mamás y papás es: “¿Esto es normal en la adolescencia o le está pasando algo más?”
Y es una muy buena pregunta. La adolescencia viene con cambios de ánimo, más necesidad de privacidad, más tiempo en la pieza y más discusiones en la casa. Todo eso es esperable. Entonces, ¿cómo saber cuándo vale la pena preocuparse?
Antes de seguir, algo importante: ningún artículo puede decirte si tu hij@ tiene depresión. Eso solo lo puede evaluar un psicólogo o psiquiatra que lo conozca. Lo que sí puedo compartirte son algunas señales que vale la pena mirar con atención.
No se trata solo de que esté triste
Muchos padres esperan ver a su hijo llorando o diciendo que está triste. Pero en la adolescencia el malestar muchas veces se ve distinto: se enoja más fácil, está más callado, responde cortante o dice “nada” cuando le preguntas qué le pasa.
Por eso, más que fijarte solo en cómo se siente, te propongo fijarte en qué está dejando de hacer.
Señales a las que vale la pena prestar atención
- Dejó de hacer cosas que le importaban. Ya no va al deporte que le gustaba, no toca la guitarra, no quiere juntarse con sus amigos.
- Se aleja de las personas. Pasa cada vez más tiempo solo y evita los momentos en familia o con amigos.
- Está triste o de mal humor casi todos los días, por varias semanas, no solo un mal día o un mal fin de semana.
- Cambios en el sueño o en la comida: duerme mucho más o mucho menos, come mucho más o mucho menos.
- Le cuesta el colegio como antes no le costaba: concentrarse, hacer tareas o simplemente ir. Si es tu caso, te puede servir este artículo sobre cuando no quiere ir al colegio.
- Habla de sí mismo con mucha dureza: “no sirvo para nada”, “para qué intento”.
Ninguna de estas señales por sí sola significa que haya depresión. Lo que importa es cuánto duran, qué tan fuertes son y cuánto le están quitando de su vida.
¿Qué puedes hacer como mamá o papá?
Acércate con curiosidad, no con soluciones. Frases como “no es para tanto” o “mira el lado bueno” salen con la mejor de las intenciones, pero pueden hacer que se sienta incomprendido. A veces ayuda más decir: “te noto distinto últimamente, ¿quieres contarme cómo estás?”
No esperes a que “se le pase”. Si las señales se mantienen en el tiempo, pedir ayuda temprano siempre es mejor que esperar.
Busca apoyo profesional. Conversar con un psicólogo permite entender qué le está pasando a tu hij@ y cómo acompañarlo. Si no quiere ir, aquí te cuento qué hacer.
Cómo trabajo con adolescentes
Trabajo con un enfoque llamado ACT (Terapia de Aceptación y Compromiso). En simple: no busco que tu hijo deje de sentir tristeza a la fuerza, porque eso casi nunca funciona. Lo que busco es que aprenda a que la tristeza no le impida hacer lo que le importa: ver a sus amigos, volver al deporte o ir al colegio con más ganas. Y siempre trabajo junto a la familia, porque ustedes son parte fundamental del proceso. Puedes ver más en la página de depresión en adolescentes: terapia online.
Si hay riesgo
Si tu hij@ habla de morir, de hacerse daño o de que sería mejor no estar, no esperes. En Chile puedes llamar a la Línea de Prevención del Suicidio *4141, gratuita y disponible las 24 horas, o acudir a un servicio de urgencia.
¿Reconoces estas señales en tu hijo o hija? Atiendo online a adolescentes de 10 a 21 años y a sus familias, desde la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). Agenda una primera sesión →