Reloj de bolsillo antiguo sobre una superficie, como símbolo del tiempo que queda antes de la PAES

PAES: cómo acompañar a tu hijo en las últimas semanas sin aumentar su ansiedad

Si te descubres mirando el calendario más veces que tu hijo, no eres el único. La PAES se acerca, y para muchas familias estas semanas se sienten largas, tensas y con poco margen para equivocarse.

Esa tensión tiene sentido: es una prueba que importa y tú quieres que le vaya bien. La pregunta útil no es cómo evitar que se sienta nervioso, sino cómo acompañarlo para que los nervios no tomen todas las decisiones.

Primero, una idea que alivia: nervios no es lo mismo que mal rendimiento

Sentir ansiedad antes de una prueba importante es esperable. Un nivel moderado incluso ayuda a concentrarse. El problema aparece cuando la ansiedad lo lleva a extremos:

  • Evitar: postergar el estudio, no querer hablar del tema, distraerse con el celular para no pensar en la prueba.
  • Sobreexigirse: estudiar hasta muy tarde sin descansar, no permitirse ningún error, sentir que nunca es suficiente o castigarse si un día rindió menos.
  • Bloquearse: quedarse en blanco o paralizado por el miedo a fallar.

Por eso, tu objetivo en estas semanas no es que esté tranquilo todo el tiempo, sino que pueda estudiar con equilibrio y seguir con su vida aunque sienta nervios.

Qué suele ayudar

  • Preguntar una vez, con una pregunta abierta. Por ejemplo: “¿Cómo vas con todo esto? ¿Hay algo en lo que te pueda ayudar o prefieres que te deje tranquilo?”. Y respetar la respuesta.
  • Cuidar lo básico. Dormir lo suficiente, comer con horarios y moverse un poco pesa más en el rendimiento que una hora extra de estudio a las 2 de la mañana.
  • Ayudarle a ordenar lo que falta. Una lista corta y realista por semana reduce la sensación de “es demasiado”. Si te lo pide, ayúdale a armarla; si no, ofrécela.
  • Poner límites sanos al estudio si se exige de más. Si lo ves estudiando sin parar, puedes decirle: “Se nota que te estás esforzando mucho. Descansar también es parte de prepararse”.
  • Mantener espacios que no sean PAES. Una comida en familia, una serie, salir a caminar.
  • Hablar de ensayos y resultados como información, no como veredicto. Un puntaje de ensayo dice qué reforzar, no cuánto vale tu hijo.

Qué conviene evitar

  • Revisar cuántas horas estudió. El control suele subir la tensión y hace que el estudio se viva como obligación frente a ti.
  • Comparar con primos, hermanos o compañeros.
  • Recordar lo que está en juego. Tu hijo ya lo sabe. Repetirlo rara vez motiva; más bien suma peso.
  • Frases como “tú tranquilo, no pasa nada”. Con buena intención, pueden hacerle sentir que sus nervios están de más. Es mejor: “Se nota que te importa, y es difícil esperar esto”.
  • Prometer o amenazar con consecuencias según el resultado.

Si sus nervios se ven muy fuertes

Conviene prestar atención si, por varias semanas, tu hijo:

  • duerme muy poco o muy mal,
  • tiene dolores de cabeza o de estómago frecuentes sin una causa médica,
  • evita estudiar o incluso hablar de la prueba,
  • estudia en exceso, sin descansos, y se exige más y más,
  • se bloquea o llora ante cualquier ensayo,
  • habla de sí mismo con mucha dureza (“soy un fracaso”, “no sirvo para esto”).

Eso no significa que algo esté “roto”, sino que probablemente esté cargando más de lo que puede solo. Una psicóloga puede ayudarle a manejar la ansiedad y a estudiar de forma más eficaz, incluso en pocas sesiones, y sin que sienta que le están diciendo que está mal.

Después de la prueba también hay que acompañar

Los días entre la prueba y los resultados pueden ser igual de difíciles. Evita analizar pregunta por pregunta y deja que sea él quien decida cuándo y cuánto contar.

Si quieres seguir leyendo, puede servirte cómo acompañar la ansiedad por pruebas y notas y cómo acompañar la elección de carrera. También puedes revisar la página sobre ansiedad en adolescentes y la guía para padres.

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Este artículo es informativo y no reemplaza una evaluación profesional.

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