"No quiero seguir en la carrera." A veces la frase llega de sorpresa, en medio de una comida. Otras veces confirma algo que se venía notando hace semanas: llegaba a la casa sin ganas de hablar de la universidad, dejó de mencionar las notas, los domingos en la noche andaba más irritable.
No es una noticia fácil de escuchar. Junto con la preocupación por su futuro suelen aparecer el miedo a que se arrepienta y algo de frustración, sobre todo si hace un año eligió esa carrera con entusiasmo. Es comprensible: todo eso muestra cuánto te importa el futuro de tu hijo o hija.
Las ganas de dejar la carrera pueden deberse a razones muy distintas, y casi nunca significan lo mismo en dos jóvenes.
Descubrió que la carrera no es lo que imaginaba
La mayoría elige la carrera a los 17 años, con una idea bastante general de lo que va a estudiar. Recién al cursarla se encuentra con el día a día real: los ramos, la forma de pensar de esa disciplina y cómo es realmente el trabajo.
A algunos les pasa que la idea les gustaba más que la carrera. Entraron a arquitectura pensando en diseñar, por ejemplo, y descubren que buena parte de lo que estudian les resulta ajeno y no les despierta interés.
Es frecuente que los padres sientan que se perdió un año. Pero darse cuenta de eso después de uno o dos semestres no significa necesariamente haber perdido el tiempo; muchas veces es la única forma de saberlo.
La exigencia lo hace dudar de sí mismo
Pasar del colegio a la universidad es un cambio significativo. El método de estudio que funcionaba puede dejar de servir, y las evaluaciones son distintas: a veces más difíciles, a veces de un tipo que nunca habían hecho. Para algunos puede ser la primera vez que reprueban un ramo, o la primera vez que, aunque estudiaron mucho, no fue suficiente.
Un adolescente que en el colegio se sentía capaz puede empezar a pensar "quizás no soy bueno para esto" cuando las cosas se ponen más difíciles en la universidad. Cuando eso pasa, querer dejar la carrera a veces tiene menos que ver con la carrera y más con dejar de sentirse así. En estudiantes muy exigentes consigo mismos, para quienes una mala nota se vive como una prueba de que no son capaces, abandonar puede parecer la solución: "si no me saqué buena nota, entonces no sirvo para esto" (lo desarrollo en perfeccionismo y autoexigencia en adolescentes).
No ha logrado sentirse parte
Hay estudiantes a quienes les va bien en los ramos y aun así lo están pasando mal. Llegaron a una universidad grande o a otra ciudad, no conocen a nadie en su curso y pasan días enteros sin conversar con alguien.
Cuando un joven no se siente a gusto en ese lugar, todo le cuesta más. Querer irse puede tener más relación con no haber encontrado su grupo que con lo que está estudiando.
Eligió por lo que se esperaba de él o de ella
El puntaje, el prestigio de la carrera o lo que se espera en la familia influyen más de lo que parece al momento de elegir, muchas veces sin que nadie lo diga en voz alta. El joven cree que es lo que quiere, y lo descubre recién cuando lleva un tiempo estudiándolo.
En esos casos, plantear que quiere dejar la carrera puede ser la primera vez que intenta elegir algo por sí mismo. Suele venir con culpa, sobre todo si siente que está decepcionando a sus padres.
El desánimo va más allá de la universidad
A veces la carrera es solo lo más visible. Duerme mucho más o mucho menos, dejó de disfrutar lo que antes le gustaba, se aísla, habla de sí mismo con dureza. En ese caso, lo urgente no es la decisión académica sino cómo está, y conviene una evaluación profesional (puedes revisar cómo saber si tu hijo adolescente está deprimido).
Si dice que no quiere vivir o que sería mejor no estar, no esperes: consulta de inmediato con un profesional o acude a un servicio de urgencia.
Tiene otro proyecto
También están quienes quieren salir porque encontraron otra cosa: otra carrera, un oficio, trabajar un tiempo. Algunos lo tienen bastante pensado; otros recién empiezan a imaginarlo. Para los padres, lo difícil suele ser distinguir si se trata de un proyecto real o de una forma de salir de una situación que le está costando mucho.
Una misma decisión puede tener sentidos muy distintos
La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) es un enfoque que ayuda a las personas a actuar según lo que les importa, aunque eso implique pasar por momentos difíciles. Desde ACT, más que fijarnos en si tu hijo o hija decide quedarse o irse, nos interesa entender qué lo lleva a tomar esa decisión y si lo acerca a lo que de verdad le importa. Dejar una carrera puede ser un paso hacia algo valioso para él o ella, o una manera de escapar de la ansiedad o de la vergüenza de sentir que le está yendo mal.
Con quedarse pasa algo parecido. Puede ser una decisión coherente, o una forma de evitar una conversación difícil en la familia. Por eso no hay una respuesta que sirva para todos.
Tampoco se trata siempre de todo o nada. Según la universidad, existen opciones como congelar un semestre, cambiarse de carrera dentro de la misma institución o terminar el semestre en curso antes de decidir. Conocerlas puede dar más tiempo para pensar.
Lo que esto mueve en ti
Es difícil escuchar esta noticia sin que aparezcan los propios temores: que quede sin rumbo, el esfuerzo y el dinero invertidos, el futuro que imaginabas para tu hijo o hija. Reconocer lo que te pasa a ti ayuda a escuchar lo que le pasa a él o ella sin que ambas cosas se mezclen.
A algunas familias les sirve conversar antes de decidir, sin buscar una respuesta inmediata: qué es lo que más le está costando, si hay algo de la carrera que sí disfruta, desde cuándo lo viene pensando, qué haría si no estuviera estudiando esto. Muchas veces la primera conversación no basta, y eso también es parte del proceso.
Cómo se trabaja en terapia
A esta edad es importante que tu hijo o hija quiera venir y sienta que el espacio es suyo (si le cuesta aceptar ayuda, puede servirte mi hijo adolescente no quiere ir al psicólogo).
Parto con una evaluación para entender qué está pasando en su vida, no solo en la universidad. Después acordamos con él o ella objetivos concretos que se puedan observar.
No busco convencerlo de quedarse ni ayudarlo a irse. El trabajo apunta a que pueda decidir con más claridad: qué le importa, qué está evitando y qué está dispuesto a hacer aunque le cueste. Las tareas entre sesiones salen de lo que él o ella quiere conseguir. Los padres también tienen un rol, porque una decisión así casi siempre se conversa en familia.
Preguntas frecuentes
Mi hijo reprobó ramos en la universidad, ¿significa que eligió mal la carrera?
No necesariamente. En el primer año es frecuente reprobar por el cambio de ritmo y de método de estudio. Puede indicar que necesita estudiar de otra forma, que lo está pasando mal por otros motivos o, a veces, que la carrera no es para él o ella. Conviene mirar más que las notas.
Mi hija no se adapta a la universidad, ¿cuándo conviene consultar?
Cuando la dificultad dura varias semanas y empieza a afectar su ánimo, su sueño o su relación con los demás. También cuando el tema genera tanta tensión en la casa que cuesta conversarlo.
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